Plan Nacional de Lectura

Juan Gelman: una lectura imprescindible

Padeció la dictadura cívico-militar, vivió el exilio y escribió. Hizo periodismo preciso, verdadero y dejó poesía, potente, política. En este 24 de marzo, volvemos a su escritura.



Un nuevo aniversario: 24 de marzo. Cada año resuena fuerte, pasa el tiempo, pero cada 24 sigue dando golpes en el estómago. Hoy podemos contar sentencias judiciales, nietos y nietas encontrados y eso da esperanza. Nunca son todas las sentencias que quisiéramos ni todos los nietos, pero la búsqueda sigue, la lucha sigue con la potencia de la memoria.

En este nuevo aniversario, hacemos anclaje en la escritura de Juan Gelman, el poeta que sabía de la potencia política de la poesía. En alguna entrevista dijo: “yo pienso que la poesía siempre habla de la poesía, y si habla de lo político es porque puede hablar de todo”.

Hace poco más de dos meses que Juan Gelman murió y resulta imprescindible leerlo. Compartimos fragmentos del texto periodístico “Elogio de la culpa”, del 31 de octubre de 1991, donde recuerda a su hijo y define con mucha claridad a la dictadura militar y también algo de su poesía de exilio.

¿Hubo que ser “inocente” para tener acceso a la categoría de “víctima de la dictadura militar”?

Mi hijo no lo fue. No fue “inocente”, sí víctima. Marcelo Ariel Gelman tenía 20 años cuando fue secuestrado en su casa por un comando militar, el 24 de agosto de 1976. También fue secuestrada su esposa Claudia, encinta de 7 meses. Los restos de Marcelo fueron hallados a fines de 1989, gracias a la abnegada labor del Equipo Argentino de Antropología Forense. Fue asesinado de un tiro en la nuca disparado a medio metro de distancia. Ahora tiene sepultura y es éste un hecho sumamente importante para un padre huérfano de hijo, como soy, porque el rescate de sus restos fue el rescate de su historia.

(…)

Estoy orgulloso de la militancia de mi hijo. A veces pienso que algo tuve que ver yo con ella y eso redobla mi orgullo y mi dolor. Mi hijo no era un “inocente”. Le dolían la pobreza, la ignorancia, el sufrimiento ajeno, la estupidez, la explotación de los poderosos, la sumisión de los débiles. Nunca se sintió portador de una misión, pero quiso cambiar el país para que hubiera más justicia. Hizo lo que pudo, callada, humildemente. De todo eso fue “culpable”. ¿Y no fue por eso víctima de la dictadura militar? Repito la pregunta: ¿Hubo que ser “inocente” para tener acceso a categoría de “víctima de la dictadura militar”?

Es verdad que hubo muchas víctimas inocentes de la dictadura militar. Por ejemplo, niños con vida y niños no nacidos todavía. Hombres y mujeres sin militancia alguna que sólo pertenecían a esa secreta intimidad llamada pueblo y que fueron también asesinados. La dictadura militar consideró “culpables” a decenas de periodistas que no pensaban como ella. A centenares de intelectuales que no pensaban como ella. A sacerdotes, abogados y a miles de obreros y estudiantes que no pensaban como ella. A los familiares de personas que no pensaban como ella. Y también a muchos que deseaban cambiar la vida, como pidió Rimbaud, y lo intentaban por distintos caminos.

¿Y por eso no son “inocentes”? Todos ellos, sea que canalizaran su voluntad de cambio por escrito, desde el púlpito, la cátedra, los sindicatos, centros estudiantiles, organizaciones populares, partidos políticos, o por las armas, ¿no son acaso víctimas de la dictadura militar? ¿Fueron encarcelados o fueron secuestrados, torturados y alojados en campos clandestinos de detención? ¿Tuvieron un juicio imparcial o fueron brutalmente asesinados? ¿Se les permitió ejercer su derecho de defensa o les pegaron un tiro en la nuca desde medio metro de distancia? ¿Se notificó su paradero a los familiares o se los “desapareció”, creando una angustia que para muchos dura todavía? ¿Pudieron ejercer su derecho de pensamiento y expresión o fueron amordazados con la muerte más atroz, la muerte anónima? ¿Por qué no entrarían en la categoría de “víctimas”? ¿Porque querían cambiar la vida? ¿Se piensa acaso que los militares asesinaron inocentes “por error”? ¿Que son locos sueltos y no la expresión más despiadada de los intereses que quieren que la vida siga como está? (…)

Ya en 1956, Raúl González Tuñón, en el prólogo del libro Violín y otras cuestiones, decía: “Juan Gelman no es un evadido de la realidad como desearían los teóricos reaccionarios de un artepurismo imposible; ni tampoco un editorialista en verso, un simple propagandista, como querrían que fuera los agrios críticos sectarios, los que ignoran que en la conciencia del poeta, del creador, habrá siempre un terreno inalienable que no podrá ser hollado”.

El libro Exilio se conforma de textos de Gelman y de Osvaldo Bayer, ambos pisadores de otras tierras por culpa de la dictadura cívico-militar argentina. Allí, Gelman en el verso III, dice que no se avergüenza de sus tristezas, recuerda todo lo que extraña y habla del país, su país: “…no era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé contra los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar…”.

Y más adelante, un Gelman pisando esa tierra porteña, en el verso XIX: “volví clandestinamente a Buenos Aires en mayo de 1978. Estaba bella la ciudad.

Mejor dicho, bellísima bajo esos días de mayo en que el otoño porteño admite un fuego, una calor de primavera muriendo o por nacer, nunca se sabe…”

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